EL HUMOR - ÚTIL PARA MANEJAR DE SITUACIONES CRÍTICAS
Hay que divertirse: Pierluigi Casiraghi con el árbitro Kojcik.
Foto: Archivos FIFA

TAMPOCO EL ÁRBITRO DEBE TOMARSE DEMASIADO EN SERIO

Pese a la gran seriedad que entrañan una victoria o una derrota, el humor no debe quedarse en el camino. Esto vale también para los árbitros.

POR MICHEL VAUTROT
Es francés y era árbitro de la FIFA hasta 1990.
En la actualidad es miembro de la Comisión de
Árbitros de la FIFA.

Probablemente hallamos visto todos hace unas semanas el video con Paul Gascoigne blandiendo alegremente una tarjeta amarilla delante de las narices de un árbitro, quien la había dejado caer accidentalmente en un partido de la liga escocesa.

¿Era una situación para reír o para llorar? ¿Era simplemente una broma?

Todo depende de cómo se mire el fútbol y la vida en general. Algunos se rieron a carcajadas -y hay que confesar que hoy en día existen pocas oportunidades para hacerlo- y otros, en cambio, consideraron la reacción del jugador completamente fuera de lugar por tratar de ridiculizar al imparcial, quien, por su parte, tuvo solamente fracciones de segundos para decidir si existía un "delito" deliberado o si se trataba simplemente de una broma pesada. La ley prevaleció y nuestro amenizador público se convirtió en regador regado, recibiendo él mismo la tarjeta en señal de devolución.

El espíritu de la ley o la palabra ... un dilema filosófico sin fin que cada uno puede interpretar según lo que desea demostrar o justificar. Mi lema personal, tanto en la vida privada como durante mi época profesional como árbitro, ha sido siempre "Haz que te tomen en serio, pero no te tomes demasiado en serio" y esto me ayudó a menudo a superar situaciones embarazosas. Por ejemplo, cuando la esposa del presidente de un club trató de ponerme en rídiculo en tono mordaz y en público al salir del estadio diciendo: "Señor, usted es un árbitro de mala fe". "Perdón, señora", le respondí "usted se equivoca -soy de ... Besançon, del este de Francia".

El difunto historiador húngaro Istvan Somos, que tenía archivos de los árbitros de todo el mundo, contó una vez una anécdota sobre el primer partido de Leon Horn (el "holandés volador") cuando un jugador irritado le preguntó: "¿Por qué diablos pita de nuevo?" Horn le contestó que había pitado para finalizar el partido, a lo que el jugador replicó: "Entre todas las decisiones, le aseguro que fue su mejor silbido en todo el encuentro".

Istvan Somos contaba también la historia de un legendario árbitro italiano, Concerto Lo Bello, quien escribió lo siguiente como respuesta a una carta injuriosa: "Estimado señor: deseo informarle que existe un verdadero canalla que está empleando su nombre para escribirme cartas injuriosas y que necesita, sin duda, la ayuda de un siquíatra. Estoy convencido de que usted está de acuerdo conmigo en que una persona tan ruin merece ser encerrada. Le agradezco su comprensión y le saluda atentamente, Concerto".

Esta respuesta de humor sutil me recuerda una carta que recibí personalmente de un detenido en una penitenciaria que me acusó de ser deshonesto. Le respondí que me parecía una pena que todas las personas honestas se encontraran encerradas en una prisión...

En muchas cartas injuriosas, en todo el mundo, se acusa a los árbitros de "ladrones". En una ocasión, camino a casa, me encontré con dos policías que llevaban a un sospechoso en esposas. Cuando me saludaron, no me pude aguantar y les pregunté maliciosamente: "¿Qué partido pitó el desdichado?".

Para terminar, una anécdota más. Mientras estábamos esperando que la multitud devolviera la pelota en una detención de juego, uno de los jugadores, que se estaba mofando de mi arbitraje, dijo: "Seguramente que se la quedó mi hermano. Al menos usted no podrá cometer errores mientras él la tenga". "Me alegra", le respondí "al menos uno de la familia que logró tocar el balón esta noche".

Un filósofo dijo en una ocasión que el humor era una forma de escapar de una situación embarazosa sin salir del asunto. Los árbitros tienen que ser buenos filósofos, y debe haber siempre un pequeño lugar para un buen sentido del humor. Una respuesta ingeniosa no sólo puede calmar una situación explosiva, sino que constituye, al mismo tiempo, la mejor advertencia antes de una tarjeta amarilla o roja, siempre y cuando sea dicha y comprendida en el sentido correcto.

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